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Prólogo
Este catálogo es uno de los principales productos del proyecto de investigación Costumbre, derecho y poder indígena en Oaxaca, que he desarrollado en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, desde 1998.

Inicialmente el objetivo fue conocer los factores que hacen fuerte a la costumbre jurídica indígena en materia electoral entre los pueblos mixes de Oaxaca. Pero el conocimiento de éste me obligó a estudiar, antes que la costumbre, la estructura y el sistema en los que ella se soporta. De tal suerte que, al hacerlo en forma amplia y minuciosa con catorce municipios y registrando trece campos de información por cada cargo del sistema, la investigación fue generando, primero, una base de datos y, después, al establecer las primeras interpretaciones y análisis, un catálogo de normas en los sistemas de cargos mixes, donde se describe la normatividad de ochocientos ochenta y ocho cargos.

Como podrá observarse, la obra es de importancia singular para cualquier investigador del área social. En primer lugar, porque la información aquí vertida proviene de fuente directa registrada con un trabajo de campo serio, organizado y amplio. Hice trabajo de campo en casi todos los meses del año, sumando un total de 10 meses, durante los años de 1998, 1999, 2001, 2002 y 2003. Me basé en las técnicas de entrevista abierta y dirigida, aunque también apliqué una encuesta en los catorce pueblos y obtuve la colaboración interesada de los actores principales. En este sentido, un segundo aspecto relevante de la obra es el alto grado de confiabilidad de sus datos debido tanto al interés de las autoridades indígenas como al hecho de que el catálogo, una vez terminado, pudo ser sometido a su comprobación entre las autoridades de los cabildos del año 2003.

El lector encontrará aquí valiosas descripciones acerca de las modalidades o actualizaciones de la normatividad del sistema de cargos mixe, así como de su vigencia, flexibilidad y adaptación al constatar que es posible la configuración de tantas versiones distintas de un sistema normativo mixe de este tipo como pueblos existen en toda la región.

Por último, ya que los investigadores de campo trabajan habitualmente en una comunidad y no tienen la posibilidad de comparar el tema que investigan en esa localidad con otras de la misma región, espero que este catálogo les brinde la oportunidad de subsanar dichas dificultades al contar con catorce modelos de sistemas normativos diferentes contra los cuales puedan confrontar su propia indagación.

El uso de los catálogos en Antropología

Los catálogos son memorias, listas o inventarios hechos de manera ordenada con la finalidad de ser consultados eventualmente. El orden en que se organizan los datos tiene como propósito componer una serie o selección determinada. Los catálogos, generalmente, se diferencian del inventario porque analizan los datos con mayor profundidad, contienen más información y se presentan con una sistematización rigurosa. En todo catálogo se advierten ciertas condiciones como las de explicar el propósito para el cual fue elaborado, las fronteras que delimitan el universo de la información catalogada, la metodología empleada para su organización y el sistema de catalogación en sí.

En la antropología se ha elaborado con frecuencia este material, ya que en todas sus disciplinas ha sido necesario contar con este tipo de información para diversos fines, no sólo el de registrar y clasificar, sino también los de comparar para analizar y profundizar en un tema, problema o región, o en algún tipo de objetos.

A través de una pequeña indagación en el acervo de la biblioteca Juan Comas del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM hallé más de ochocientos títulos de catálogos de todo tipo, entre los que se encuentran obras acerca de mapas, instrumentos musicales, canciones populares tradicionales, exposiciones museográficas diversas, ilustraciones de varios tipos, lenguas indígenas, artesanías y trajes autóctonos, danzas, plantas medicinales, tesis de antropología, proyectos de investigación y muchas otras clases de objetos.

Se puede decir que el género del catálogo en la antropología tiene una finalidad propia y un tipo de estructura interna. En cuanto a su finalidad, la mayoría de los autores revisados coinciden en que su propósito ha sido reunir la información, clasificarla para su identificación y uso público —especialmente para los investigadores— porque dicha información no es de fácil acceso, no está disponible a cualquier público, o se desconoce su existencia, identificación o localización. Obviamente, los autores de catálogos deciden bajo qué criterios organizan la información y éstos representan ya un nivel de interpretación de los datos. Tomar este tipo de decisiones, sólo es posible cuando el autor tiene un nivel de acercamiento más profundo a los objetos, tema, región o problema de que trate el catálogo.

En cuanto al tipo de estructura interna, en la mayoría de los catálogos revisados los autores explican por qué y para qué se elaboró el catálogo y cómo se hizo. Por el tipo de obra de que se trata el catálogo es explicado ampliamente en su parte metodológica, con el fin de que el posible usuario pueda acceder fácilmente a él. A veces también se contextualiza el tema, o se incluyen pequeños ensayos acerca del mismo. En ocasiones pueden ir acompañados de bibliografías complementarias y de comentarios generales o, incluso, pueden presentarse resultados preliminares basados en el uso de la información catalogada en la introducción.

Una última observación que me parece importante destacar es que, salvo contadas excepciones, la gran mayoría de los catálogos publicados son de información de segunda mano. Por esta razón, cuando son elaborados con fuentes directas se convierten en obras que aportan aún más por su originalidad. En tal sentido, los textos antropológicos de este género tienen la peculiaridad de basarse casi siempre en fuentes de primera mano, ya que una de las grandes tareas de dicha disciplina es el registro y documentación de objetos de investigación de culturas ágrafas y, en consecuencia, indocumentadas, convirtiéndose así en materiales de mayor mérito y aporte científico.

Ejemplos

En aras de mostrar la importancia que tiene el catálogo como género de la investigación antropológica ejemplificaré muy brevemente su uso en esta disciplina científica con algunos casos que me parecen ilustrativos, seleccionados de ese amplio universo existente en la biblioteca Juan Comas, aunque para ello tenga que dejar de lado cientos de importantes trabajos que constituyen tan rica producción, ya que no es el propósito del presente preámbulo establecer un análisis profundo sobre el tema.

Así tenemos, por ejemplo, que en arqueología son comunes los catálogos de objetos, sitios, monumentos, entierros o tumbas, como el publicado por Beatriz Braniff y César Quijada (1977) quienes explican en su introducción los antecedentes de los sitios, las razones por las cuales elaboraron el catálogo y el método de clasificación que emplearon; el cual, por cierto, fue el diseñado por el Museo de Arizona, en Estados Unidos.

Otro ejemplo de catalogación en arqueología es el producido por María Teresa Cabrero (1997), que presenta no sólo un conjunto ordenado de piezas de las tumbas de tiro del Cañón de Bolaños, sino que en su introducción explica cuáles son sus antecedentes, qué es la tumba de tiro, dónde se localiza geográficamente, cuál es el contenido y distribución de las tumbas, una descripción del estilo decorativo de las figurillas e hipótesis sobre el significado de las decoraciones y qué importancia tiene dicho catálogo para la arqueología del occidente de México.

Quizás los catálogos más frecuentes sean los de historia, entre los que encontramos hemerográficos, de archivos y expedientes, de códices, fondos y acervos de varios tipos, como el de Miguel León Portilla y Salvador Mateos Higuera (1957). Dichos autores publicaron un catálogo sobre códices indígenas porque la información era de difícil acceso, pues se encontraba esparcida por todas las bibliotecas y museos de América y Europa. A partir de esta publicación los interesados y especialistas en códices seguramente han podido establecer interpretaciones más profundas avanzando con mayor rapidez en sus investigaciones.

También son buen ejemplo los importantes trabajos de Eugenia Meyer (1974) y Alicia Olivera de Bonfil (1975). Las investigadoras publicaron sus respectivos catálogos como parte del Programa de Historia Oral que se desarrollaba en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y en donde, además de explicar los antecedentes del proyecto, el objetivo del mismo y la forma en que se recopiló la información, nos dan a conocer una riquísima fuente de primera mano, como pocas en su tipo: una serie de entrevistas hechas a los más antiguos testigos de la revolución de 1910.

Otro de los interesantes materiales de este tipo, dentro de la disciplina de la historia, es el de Zazil Sandoval Aguilar (1991), acerca de manuscritos en lenguas indígenas. Allí el autor señala el origen de las fuentes catalogadas, describe su contenido en términos generales, desarrolla paso a paso la manera en que procedió a realizar este trabajo, cuáles son los campos en los que se clasificó la información y la importancia que tiene este libro para la investigación antropológica.

O bien, la excelente obra de Antonio Escobar Ohmstede y Teresa Rojas Rabiela (1992). Ellos catalogaron un conjunto muy amplio de notas periodísticas sobre indígenas, publicadas por la prensa capitalina del siglo XIX. En las introducciones a cada uno de los tres volúmenes que comprenden la obra, los autores explican sus objetivos, antecedentes, forma en que se recogió y clasificó la información, y desarrollan con brevedad algunos temas surgidos del análisis de los datos, los cuales apoyan al lector en el manejo de cada libro. Este es, quizás, uno de los grandes catálogos de la antropología.

Pero también los hay en antropología física, como el de María Elena Salas Cuesta y Mari Carmen Serra Puche (1970). En su trabajo titulado Nomencladores. Catálogo de material óseo en la bodega de antropología física tuvieron como objetivo actualizar la forma en que estaban organizadas las fichas descriptivas de los huesos de la bodega de antropología física, rehaciendo los campos de clasificación y basándose en las descripciones que los investigadores habían hecho previamente a los objetos. Luego, explican campo por campo su sistema de catalogación.

Por su parte, entre algunos investigadores de etnología y antropología social encontramos libros de este género en María Teresa Sepúlveda Herrera (1982). Ella cataloga un conjunto de máscaras del estado de Guerrero el cual es descrito hábilmente en su introducción donde anota además para qué, por qué y cómo se hizo el catálogo parte por parte, la importancia que tienen las máscaras en la cultura india, su función en las diferentes épocas (prehispánica, colonial y actual), el contexto de estos objetos en el estado de Guerrero y el papel de los artesanos actuales, sus materiales y sus técnicas.

Mientras que Marlene Aguayo, Sara Molinari, Rosa María Garza y Enrique Pérez Leal (1974) publican un catálogo sobre el Fondo Weitlaner elaborado especialmente para uso de los investigadores, en el que incluyen una muy breve descripción del contenido de dicho fondo. Por su parte, Thomas Stanford (1968) reúne un grupo muy importante de material musical grabado, ya que el material no era accesible a todo público, en su Catálogo de grabaciones del laboratorio de sonido del Museo Nacional de Antropología.

El recuento anterior, aunque breve, me permite establecer que la presente obra, forma parte de esa rica variedad de materiales inventariados bajo un esquema de clasificación útil para el trabajo de investigación antropológica. Al menos, ese ha sido el propósito de su elaboración, aunque no el objetivo inicial.